Columna

Un asesino

Por Gil Gamés

Un amigo que no malquiere a Gamés le cuenta que en algún pasaje del libro imprescindible de Guillermo Valdés Medellín, la guerra de Joaquín El Chapo Guzmán asciende a 40 mil muertos. Ese capo de capos ha sido sentenciado a cadena perpetua y ha dicho en la Corte de Brooklyn, en Nueva York, que fue sometido a un trato “cruel e inhumano” durante sus 30 meses encarcelado en Estados Unidos. Pobre hombre, qué maltrato inhumano hacia su persona, él, un ser piadoso, bueno, incapaz de ordenar tortura y muerte, ejecuciones sin importar el sacrificio de civiles inocentes. ¡Qué injusticia!

Así las casas (vieja e inservible muletilla patrocinada por Grupo Higa), el narcotraficante mexicano fue sentenciado en Estados Unidos, tras haber sido declarado culpable de ocho cargos de crimen organizado y narcotráfico, a cadena perpetua; por el cargo nueve, de portación de arma, a 30 años de prisión; y por el cargo 10, de lavado de dinero, a 240 meses de cárcel.

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