Columna

Tres transformaciones bañadas en sangre

Andrés Manuel López Obrador ha colocado la idea de la Cuarta Transformación en el centro de la política nacional, la ha presentado como una nueva etapa en la vida del país, antecedida por la Independencia, la Reforma y la Revolución. Incluso, quienes creen firmemente que estamos ante un profundo cambio de régimen, tendrán que reconocer que estamos muy lejos, a partir de un triunfo electoral, de aquellos hitos históricos. Y ojalá estemos aún más lejos de la violencia y destrucción que fueron de la mano con ellos.

Nos han educado en una historia de héroes y villanos, de blancos y negros que poco se ajusta a la realidad. E incluso, en esos momentos históricos, en cada una de esas tres transformaciones, se olvida la violencia, la muerte, el fanatismo, las desgarradoras luchas internas que fueron parte sustancial de esos movimientos, más allá de los ideales que los impulsaron en su momento.

La Independencia fue un movimiento que en realidad comenzó defendiendo el derecho de Fernando VII a ser restablecido en la corona de España, de donde había sido arrojado por las tropas de Napoleón BonaparteMiguel Hidalgo, como escribió ayer Héctor Aguilar Camín “es en nuestra cabeza un anciano venerable, Padre de la Patria. Durante muchos años, después de su muerte, fue sólo un cura loco, excomulgado por sus crímenes, jefe ciego de unas turbas que destruyeron lo que encontraron a su paso durante unos meses de orgía plebeya a la que Hidalgo se unió, olvidado de sí mismo, para destruir el Bajío, la región más rica de la Nueva España”. Para tener un retrato real de ese Hidalgo hay que leer el nuevo libro de Isabel Revueltas.

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