Columna

Transformismo

Parecía un mal sueño, pero todos los malos sueños se cumplen: el registro de Cuauhtémoc Blanco como precandidato de Morena-PT-PES ha ocurrido y dijo que ha decidido que su familia no viva en Morelos, o sea, que no puede mantener seguros a los suyos, ya no digamos a los morelenses.

Gil no da crédito y cobranza, el mayor acto de transformismo de las precampañas lo ha protagonizado Mikel Arriola. Sin decir agua va ni viene, el candidato del PRI a la Jefatura de Gobierno de Ciudad de México se convirtió en el arzobispo Carlos Aguiar, oigan esto: “Estamos en contra de la adopción de parejas del mismo sexo, a favor de los valores familiares, la Ciudad de México no será más la ciudad del libertinaje, vamos a proteger la vida humana desde su concepción hasta la muerte, no a la mariguana, mas que para su uso medicinal”.

A Gilga le da el soponcio, ¿le pueden traer las sales? ¡Qué dexestre! Gamés tenía a Mikel Arriola como un funcionario liberal (está de moda la palabreja), pero los consejos de sus asesores y el pragmatismo lo han convertido en uno de los políticos más retrógrados de la temporada y quizá de los últimos tiempos. El señor Arriola puede opinar lo que le de la gana, faltaba más, pero pretende disolver algunos de los más notables avances que ha hecho la ciudad: la interrupción del embarazo, el matrimonio gay, el derecho para adoptar en parejas del mismo sexo y la búsqueda de las despenalización de la mariguana. Alguien le dijo a Mikel Arriola que podría ganar los votos de los panistas inconformes con la alianza de su partido y el PRD. Y para obtener esos votos fantasma, Arriola se convierte en un conservador de pena ajena.

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