Columna

Sí, fue un Grito diferente y me gustó

Por Joaquín López-Dóriga

El exilio no es cuestión de voluntad, es de distancia, soledad, de temor permanente.

Florestán 

Sí, si me preguntan que si me gustó el Grito, sí me gustó.

Y voy por partes.

Primero, que se acabó la odiosa diferencia entre los de arriba, en los balcones, y los de abajo, en la plaza; de los de afuera, en la plancha, y los de adentro, en los salones. Que me gustó, sí, que el de recepciones no estuviera atestado con los de arriba, sus familias y los amigos presidenciales en turno, y que el presidente López Obrador y su esposa lo cruzaran solos; que se respetara el protocolo de la escolta de cadetes del Colegio Militar y de la Escuela Naval; que portara la banda presidencial; que diera los gritos que quiso dar, hasta veinte, y no vitoreara a la 4T; que su esposa, Beatriz Gutiérrez Müller, ocupara un lugar discreto durante la ceremonia oficial; que los balcones, salvo del extremo de la Secretaría de Hacienda, estuvieran desocupados, su familia estuvo en uno lejano; que tocara la banda Mixe de Oaxaca; que la gente estuviera cerca, que tuviera este primer contacto desde el balcón presidencial con miles de personas y que se establecieran esquemas de seguridad para él y los asistentes.

El desfile también me gustó, siempre me han gustado.

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