Columna

Samuel Beckett

Enero todo lo devoraba y Gil estaba como otras veces triste, solitario y final. Caminó sobre la duela de cedro blanco y recordó el tiempo en que le dedicó un trozo de su vida a la obra de Beckett. Así llegó a este viejo libro: Encuentros con Samuel Beckett (Siruela, 2006, Traducción de Julia Escobar), que reúne las conversaciones que tuvo el escritor Charles Juliet con Beckett en cuatro ocasiones. Son pláticas hechas más de silencios que de palabras. Las frases de Beckett son en su mayoría lacónicas, “en cada palabra empleada ha invertido todas sus energías, su poder de atención y su inventiva”, dice Juliet. (Cuando es el propio Juliet quien se hace eco de las revelaciones de Beckett, los comentarios aparecen entre paréntesis). Aquí vamos:

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Siempre he tenido la impresión de que dentro de mí había un ser asesinado. Asesinado antes de mi nacimiento. Tenía que encontrar a ese ser asesinado. Intentar devolverle la vida… Un día fui a escuchar una conferencia de Jung… Habló de una de sus pacientes, una chica jovencísima… Al final, mientras la gente se iba marchando, se quedó callado. Y como hablándose a sí mismo, asombrado por el descubrimiento que estaba haciendo, dijo: “En el fondo no había nacido nunca”.

Siempre he tenido la impresión de que yo tampoco he nacido nunca.

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