Columna

Ricardo Anaya-López Portillo

Todos los analistas serios coinciden en que la de Morena es la propuesta presidencial más cercana al viejo PRI, al de Ruiz Cortines, López Mateos, Miguel Alemán, Miguel de la Madrid y López Portillo.

Dicen y documentan que esa propuesta es el verdadero regreso del viejo PRI; vuelta a la cultura priista que, incluso, rechazó el actual partido tricolor con su candidato ciudadano José Antonio Meade.

Sin embargo, lo que pocos dicen es que la de Ricardo Anaya —de la alianza PAN, PRD y MC— es otra candidatura que nos lleva al pasado, al más puro estilo del viejo PRI. ¿Por qué?

Porque los tres partidos no solo tejieron una candidatura que es copia fiel del PRI de los tiempos de José López Portillo —con un candidato único—, sino que simularon una burda elección interna donde el único candidato era Anaya,motejado por tirios y troyanos como “Ricardo Anaya-López Portillo”.

Y no, no se trata de una broma de mal gusto y menos una interpretación malalechosa. Lo cierto es que a la vista de todos están los hechos y los dichos de la elección de Anaya y de los propios panistas, que no guardaron siquiera las formas de una farsa que —a querer o no— marca el fin del PAN democrático, como lo conocimos en los últimos 60 años.

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