Columna

No habrá TLC en esta temporada

El perro vale madre; del que hay que cuidarse es del dueño.  Florestán

En Los Pinos se le presentó al presidente Enrique Peña Nieto una disyuntiva: firmar el llamado acuerdo de principio del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLC) como está, pero ya, postura por la que se inclinaría el canciller Luis Videgaray en un afán de dejar ese tema cerrado y dar la certidumbre que la renegociación implica, o la de lograr el mejor acuerdo posible para México, sin plazo fatal, que es la visión del secretario de Economía, Ildefonso Guajardo, que está al frente de la operación y que quien más sabe del tema por llevar en él desde 1983, cuando en aquel año se firmó el primer NAFTA, siendo presidente Carlos Salinas de Gortari para que entrara en vigor en el primer minuto del 1 de enero de 1994, casi a la misma hora en que el EZLN irrumpía a tiros en Chiapas declarando la guerra al Estado mexicano, en lo que sería el inicio de un annus horribilis, contra el annus mirabilis que nos había prometido como llave de ingreso al primer mundo.

Hoy, la diferencia está en el modo y debo decir que la postura de Guajardo es la que apoya Peña Nieto: o se firma el mejor acuerdo o nada, y menos bajo la presión del plazo fatal y de Donald Trump.

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