Columna

Negociar con criminales

Por Raymundo Riva Palacio

Negociar con criminales no, dijo el presidente Andrés Manuel López Obrador. Eso se hizo en el pasado y no funcionó, porque la seguridad es responsabilidad del gobierno y de nadie más, subrayó. Cierto. Por esa razón nacieron los Estados modernos, para proveer la seguridad a sus gobernados, que fue algo en lo que claudicó el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto, que desde el inicio pactó con criminales, que camuflajeados en la desesperación de los michoacanos que ante la violencia se organizaron en grupos de autodefensa, fueron utilizados para el exterminio de Los Caballeros Templarios. Esa obtusa estrategia, violando las leyes internacionales, puso a Michoacán al borde de la guerra civil en un año.

La historia sirve mucho para evitar errores, a partir de las experiencias vividas. Por eso, el proyecto del gobierno de López Obrador de dar amnistía y generar empresas productivas en las zonas calientes de la violencia, donde el tejido social se entrevera entre el mundo de la legalidad y el mundo de la criminalidad, estaba sentado sobre un tambor de dinamita con la mecha prendida. El primer paso del plan, construir un parque agroindustrial en La Huacana, donde vejaron y privaron de su libertad a una decena de soldados que realizaba operativos de desarme en mayo, estalló estrepitosamente. No era lo que creían que iba a suceder.

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