Columna

La intervención militar en México

Por Joaquín López Dóriga

La memoria, esa loca de la política.

Florestán

La masacre en Sonora de nueve menonitas de nacionalidad estadunidense complicó la relación bilateral, aunque me digan que no.

La primera reacción de Trump no fue un arrebato, fue una advertencia: Para México ha llegado el tiempo de que con la ayuda del gobierno de Estados Unidos, lanzar una guerra a los cárteles de la droga y los borre de la faz de la tierra. Simplemente esperamos una llamada de su gran nuevo presidente para limpiar a México de estos monstruos. Estados Unidos está listo, dispuesto y capaz de involucrarse y hacer el trabajo de manera rápida y efectiva.

Este es el momento más difícil en la relación bilateral desde las del presidente Miguel de la Madrid, tras la del asesinato en Guadalajara, en febrero de 1985 del agente de la DEA Enrique Camarena y, antes la de Contadora en 1983, ambas con Ronald Reagan.

Pero nunca se había llegado al punto de plantear el uso de su Ejército en México desde la expedición punitiva contra Pancho Villa en marzo de 1916, tras su sorpresivo ataque a la población de Columbus, en Texas.

Claro que Trump dijo que esa intervención dependería de si el gran nuevo presidente de México lo llamaba (porque) los cárteles se han vuelto tan grandes y poderosos que a veces necesitas un ejército para derrotar a otro ejército.

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