Columna

La Guardia y el salto al vacío

Por Jorge Fernández Meléndez

• Si se termina aprobando un esquema en el que los de nuevo ingreso pierdan sus derechos, su antigüedad, y su seguridad social como militares, se dañará profundamente este proyecto.

Con un abrazo solidario para mis queridos
Paolo, Juli, Anushel y Víctor Bajos.

 

Es probable que hoy se estén aprobando las leyes secundarias de la Guardia Nacional. La reforma constitucional que le dio origen ha sido votada por muy amplio consenso entre diputados y senadores y ha tenido, además, el respaldo de los 32 congresos locales.

Es verdad que muchas veces el diablo está en los detalles, y en las leyes se suele encontrar en la letra pequeña. Pero el debate que se ha dado sobre la Guardia Nacional es por momentos vacío. Una vez aprobada la reforma constitucional se volvió al tema de la militarización de ese nuevo cuerpo policial con el nombramiento de su comandante, el general en proceso de retiro Luis Rodríguez Bucio. Como hemos dicho muchas veces, una institución que se está creando, que nace, además, en un momento de real emergencia nacional en el ámbito de la seguridad y que en su enorme mayoría está conformada por elementos provenientes de la policía militar (también por policías navales y federales, pero la enorme mayoría, por lo menos dos terceras partes, proviene de la Defensa Nacional) debe tener, en origen, un mando proveniente de esa institución. Más aún cuando la infraestructura, buena parte de los recursos, el equipo y armamento, viene también de esa misma policía militar. Por supuesto que hay civiles capacitados para comandar fuerzas de seguridad, pero en una situación de emergencia, en una institución que está por conformarse como tal y que tiene origen militar, sus mandos también deben serlo, para que sea funcional.

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