Columna

El sheriff Garduño y los policías fifís

Por Julián Andrade

Francisco Garduño es nuestro sheriff Arpaio. Transparente, el titular del Instituto Nacional de Migración (INM) ha dejado claro que su instrucción es la de contener y detener la migración.

Garduño no es un servidor público que se ande por las ramas y por eso no tiene reparo en anunciar acciones que son contrarias a toda una tradición respecto a la llegada de extranjeros a nuestro país y en particular de los que buscan mejores condiciones de vida, por razones políticas, de violencia o económicas.
Cumple órdenes y se atiene a lo que se pactó con el gobierno de Donald Trump y que en los hechos significa el despliegue de todo un muro fronterizo, para que no entren o, en su defecto, para que los migrantes no salgan de México por el norte.
Garduño es un político peculiar. Cuando Leonel Godoy renunció al cargo de secretario de Seguridad Pública de la Ciudad de México, en febrero de 2002, el entonces Jefe de Gobierno pensó en Garduño para ocupar esa posición estratégica.
La propuesta fue rechazada por el presidente de la República, Vicente Fox. El fondo de la decisión nunca quedó claro, pero se hizo ver que ya se habían proporcionado los informes respectivos, por conducto de la Secretaría de Gobernación.
Garduño es el único aspirante a la Secretaría de Seguridad capitalina que no fue aceptado, mientras permaneció el modelo que otorgaba al Jefe de Gobierno la facultad de proponer y que dejaba en manos del titular del Ejecutivo federal la atribución de aprobar el nombramiento.
Quizá de aquella oportunidad perdida, viene la fobia que ahora muestra el responsable de migración con los policías y en particular los federales. Recordemos que hace unos días les llamó fifís y descalificó porque andaban solicitando condiciones dignas para realizar sus labores.
Cientos de elementos de la Policía Federal fueron habilitados como agentes del INM y tienen que dormir a la intemperie, circular en autos sin toldo y comer en donde pueden, si pueden.
Es un drama que además revela el desprecio por la profesionalización y el fraude que están padeciendo al ver truncada una carrera policial para sumarse a una aventura que no tendrá final feliz.
Los integrantes de la PF están acostumbrados a trabajar en condiciones extremas, pero no a padecer los malos tratos de quienes debería alentarlos y esperanzarlos.
Para colmo, los federales que se integraron al INM no tenían de otra y se los advirtieron. Le entraban a detener migrantes o se quedaban sin trabajo.
Los que puedan se ajustarán a una nueva realidad y dejarán el trabajo de combate al crimen, para criminalizar la migración. Mal y de malas, aunque el sheriff tenga otras consignas e instrucciones.
•Twitter: @jandradej