Columna

El final de César Yáñez

Hace dos semanas comenzó la gangrena en el corpus político de Andrés Manuel López Obrador. La contaminación comenzó cuando se filtró en las redes sociales el menú del banquete de la boda de César Yáñez, su incondicional escudero de décadas, con la abogada Dulce Silva, que sugería una opulencia que chocaba con la conducta pública de austeridad que él mismo había mostrado por años, y sobre todo, contradecía todo el discurso del Presidente electo. El incipiente escándalo escaló a niveles inimaginables en el contexto de López Obrador, cuando la boda apareció en la portada de la revista ¡Hola!, dándoles un tratamiento que le dan a la aristocracia. La molestia de López Obrador se sintió desde la misma cena de la boda hace dos sábados, y llevó a Yáñez a la congeladora, que aún no ha sentido el rigor del enojo por encontrarse de luna de miel en París.

Las críticas no han cejado, con lo cual ha tenido un costo para López Obrador, que aún no se puede medir en imagen, pero sí en la sociedad política, donde se han transferido los reclamos al Presidente electo por el hecho de su proximidad. No va a parar este frenesí. Varios medios de comunicación están investigando quién pagó la boda y la portada y 19 páginas más de ¡Hola!, lo que podría ser aún más embarazoso si se descubriera que no sólo fue la familia de la hoy esposa –de acuerdo con la tradición mexicana de quién se hace cargo del evento–, sino alguien más.

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