Columna

El fin de un reinado sangriento

Por Héctor de Mauleón

Intervenciones telefónicas, efectuadas alrededor de un grupo de proveedores de marihuana y amapola, indicaron a la Policía Federal que sicarios de Juan Castillo Gómez, El Teniente —uno de los jefes del narco en la sierra de Guerrero— le estaban sirviendo de escudo a uno de los hombres más buscados, el célebre Santiago Mazari Hernández, alias El Carrete, líder de Los Rojos.

Todo se precipitó: mientras el seguimiento de diversos celulares arrojó una ubicación en la zona serrana de Guerrero, narcomantas abandonadas en Morelos señalaron que Mazari, uno de los criminales más violentos y sanguinarios de México, se hallaba escondido en Corral de Piedra y Filo de Caballos, en las inmediaciones de Chichihualco.

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