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El discurso como estrategia ante la crisis

El objetivo por supuesto era y es válido: la lucha contra el robo de combustible que genera costos altísimos a Pemex, al presupuesto nacional y a la sociedad. La estrategia seguida fue, por lo menos, oscura, con nula comunicación sobre ella con la sociedad y con sectores directamente involucrados (como los propios gobernadores) y con una decisión tan controvertida como cerrar los ductos, acompañada de una pésima planeación para abastecer por tierra el combustible.

La consecuencia fue dos semanas de desabasto de gasolinas y diez estados de la República semiparalizados, incluyendo la Ciudad de México. Y, sin embargo, todo parece indicar que el presidente López Obrador ha logrado sortear, por lo menos, en el corto plazo, su primera gran crisis en estos 47 días en el poder. Y lo ha hecho basado y apostando todo a su propia popularidad.

Una apuesta alta y que a la larga será desgastante, pero que en esta ocasión le ha alcanzado para imponer un mensaje que hace diez días no quedaba claro para nadie: esta crisis no fue por falta de previsión, por cambios en su política de adquisición de gasolinas, tampoco por una estrategia que nunca se ha dado públicamente a conocer, sino por el combate al robo de combustible que ha obligado, en la versión del gobierno, a cerrar los ductos de gasolina, otra decisión que nunca se explicó por qué fue tomada de forma tan drástica.

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