Columna

El cerillo

De todas las barbaridades que ha hecho Donald Trump desde que llegó a la Casa Blanca, sin duda ésta es la más peligrosa.

Algunas de sus medidas apuntan a la crisis económica, muchos de sus tuits son racistas, varios decretos violan derechos humanos, no pocas posturas reflejan un estándar moral pobrísimo, un sinnúmero de sus argumentos no tienen base real (fake news) y en demasiados momentos ha sido pescado en incongruencias flagrantes.

Pero reconocer a Jerusalén como capital de Israel es de todos sus hechos el peor porque puede desatar una guerra. Y por si fuera poco, en la región más volátil del mundo, cuya estabilidad es frágil y que a la menor provocación estalla.

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