Columna

Dejemos que el Banxico haga su trabajo

Por Enrique Quintana

Si a principios de año alguien hubiera pronosticado que a la mitad del mes de agosto la inflación sería de 3.3 por ciento, le hubieran dicho que era un optimista incorregible y un fantasioso.

Pues así es, a la mitad del mes de agosto, tenemos ya la inflación más baja desde noviembre de 2016.

Y esta reducción se ha hecho más notoria para los asalariados por el tipo de bienes y servicios cuyos precios menos han crecido.

Por ejemplo, las frutas y verduras, que son un componente fundamental de la canasta básica y en los últimos doce meses solo se incremento en 0.02 por ciento, es decir, no subió de precio.

Los precios de los energéticos, que en otros años estuvieron entre los que más impactaron a la inflación, tuvieron incluso una baja de -1.02 por ciento.

Una inflación más baja significa en términos generales un mayor poder de compra para la población.

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