Columna

Coronavirus y migrantes: el desafío de la realidad

Por Jorge Fernández Meléndez

 No hubo durante meses el más mínimo control, pasaban caravanas, no se les tenía identificados, era más fácil cruzar el Suchiate que un canal de Xochimilco.

La llegada del llamado coronavirus de Wuhan, el lugar donde surgió en China, es una doble mala noticia, primero, por el hecho en sí mismo, pero también porque nos encuentra con las defensas bajas, con el sistema nacional de salud viviendo una crisis derivada de su transformación y con poca claridad sobre hacia dónde debe ir. Y con un tercer elemento disruptor: esa crisis llega a las fronteras, el primer caso se ubicó en Reynosa, Tamaulipas, donde crece la población de migrantes provenientes de todas partes del mundo y donde las políticas sanitarias son, a todas luces, insuficientes.

Tanto en la frontera sur como en la norte hay migrantes centroamericanos, pero también cubanos, haitianos, de la India, africanos de distintos países, pero, sobre todo, del Congo, árabes y libaneses, entre otros. Las autoridades, en muchos casos, no saben siquiera quiénes son y mucho menos sus historiales clínicos. Viven en situaciones muy precarias y han aparecido en esas comunidades enfermedades que no existían o que estaban erradicadas en México. Lo que sucede en las fronteras, hay que insistir en ello, más allá de las presiones reales de la administración Trump, es un desafío de seguridad nacional para México y así debe ser entendido.

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