Columna

AMLO y gobernadores, seguridad y delegados

Si bien el presidente López Obrador dijo en su primera conferencia de prensa como mandatario que tenía “todo el poder en las manos”, lo que es rigurosamente cierto, en estas horas debe haber comprobado que eso no se contradice con la enorme cantidad de hilos sueltos que no se terminan de recoger en el nuevo gobierno.

Ya hemos hablado en términos económicos y financieros de la delicada situación que conlleva la cancelación del aeropuerto de Texcoco y la necesidad de que el presupuesto 2019 se ajuste rigurosamente a los compromisos adquiridos de equilibrio fiscal y no aumento del déficit o el endeudamiento. Pero es, quizás en el terreno de la seguridad donde las cosas se perciben más complicadas.

En primer lugar, porque ni éste ni ningún gobierno puede comprometerse a solucionar en forma rápida un problema que se ha profundizado a lo largo de muchos años y que no se ve, todavía, cómo puede ser atendido correctamente. Segundo, porque pareciera que la estrategia no está del todo definida, ni en el ámbito federal ni mucho menos en lo local. Lo sucedido el martes en la reunión de la Conago lo demuestra: existe un conflicto claro entre los gobiernos estatales y los superdelgados que no deviene de la acumulación de funciones de éstos, sino de que son personajes del mismo Estado al que llegan con la representación del Ejecutivo federal y eso los convierte en rivales y competidores directos de los actuales mandatarios. Pero si a eso se le agrega que los superdelegados iban a coordinar también las fuerzas de seguridad, como se había propuesto, el choque se volvía inevitable.

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