Columna

AMLO y gobernadores: atracción fatal

La geografía política nacional ha cambiado de forma notable el primero de julio pasado. No sólo por la abrumadora votación en favor de López Obrador ni sólo por la mayoría que tendrá el próximo Presidente, junto con sus aliados en ambas cámaras, sino también por el cambio profundo en los estados, con alternancia en muchos de ellos, pero también porque una mayoría de los congresos locales estarán controlados no por los gobernadores en turno, sino por sus oposiciones, sobre todo de Morena. Y ese fenómeno se extiende a los municipios donde ha habido también comicios.

Un caso paradigmático es el Estado de México, donde el PRI ganó un solo distrito local, se quedó con sólo 23 ayuntamientos, ninguno de importancia salvo Valle de Bravo, y el gobernador, Alfredo del Mazo, apenas un año después de haber tomado posesión quedará, en muchos sentidos, amarrado por las oposiciones locales y federales.

La relación de los gobernadores con el Ejecutivo federal no fue sencilla con Vicente Fox ni con Felipe Calderón, tampoco con Enrique Peña. Incluso, se habló de virtuales virreinatos de muchos gobiernos estatales respecto al gobierno federal. Lo que sucedía con los gobiernos estatales es que la mayoría de los gobernadores no pertenecía al partido o la corriente del Presidente en turno y vía el Congreso apoyados por sus diputados y senadores en una legislatura sin mayoría, tenían un enorme flujo presupuestal de recursos federales del que no respondían al gobierno federal. Incluso, medidas tan importantes como los mandos únicos y la reconstrucción de las policías no salieron adelante pese a la urgente necesidad manifiesta en casi todos los estados y de buena parte de los municipios.

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