Columna

AMLO, promesas y un año más de plazo

Por Jorge Fernández Meléndez

• El setenta y cinco por ciento de los hogares cuenta con un programa de apoyo y bienestar, el problema es que nadie sabe quién los recibe ni cómo, porque no son regulados ni supervisados.

“No estás solo”, le gritaban al presidente Andrés Manuel López Obrador mientras se instalaba, absolutamente solo en un enorme escenario frente al Zócalo capitalino, organizado en forma muy distinta de aquellas grandes movilizaciones masivas: todo está cuadriculado y con grupos específicos. Cada uno en su lugar. Sólo su esposa, Beatriz Gutiérrez Müller, lo acompañó durante los últimos párrafos del mensaje.

El discurso del primer año, triunfalista hasta el exceso, es el mismo que pronunció hace un año al tomar el poder, a los cien días de gobierno, o el pasado primero de septiembre, en el informe presidencial: el poder político sobre el poder económico; la guerra “sólo a la corrupción y a la impunidad”; datos imposibles de comprobar, como que se ahorraron 200 mil millones de pesos en actos de corrupción; insultos a la carta (“los conservadores corruptos que con amparos hicieron sabotaje jurídico contra el aeropuerto de Santa Lucía”); la confusión consciente de proyectos que se dan por hechos, aunque sólo existen en el papel; la mitología del petróleo, de Pemex y  de la Comisión Federal de Electricidad; una visión idílica de la economía que “crece desde abajo”, aunque en el crecimiento real eso no se refleje y el crecimiento “desde abajo” dependa, en gran medida, de las remesas de nuestros paisanos que suman este año 26 mil 980 millones de dólares (un éxito que se apunta como suyo también la Cuarta Transformación); un éxito de lucha contra el huachicoleo en más de un noventa y cinco por ciento, que no se entiende porque las cifras de ventas de gasolina de Pemex no se han movido. El Presidente anunció en su discurso que también se acabó el sargazo en las playas mexicanas (sic).

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