Columna

Al gobierno lo desborda la violencia

Por Pablo Hiriart

El país es sacudido por el crecimiento exponencial de la violencia y el delito sin que veamos una reacción sensata del gobierno.

Hay ausencia de estrategia contra el crimen o, lo que es peor, el gobierno se pone del lado de los asesinos.

No lo hacen deliberadamente, pero su discurso demagógico en el tema de la seguridad sitúa a los gobernantes en el bando contrario al de la sociedad.

La situación los desborda, y lo ven todo color de rosa.

De junio a julio, el secuestro creció. Y no aumentó cinco o seis por ciento, que de suyo sería mucho: se disparó 50 por ciento de un mes a otro, de acuerdo con el reporte de Alto al Secuestro.

La violencia contra las mujeres va en paralelo con el aumento de la violencia en general.

Aunque para ellas resulta todavía peor: son víctimas y las autoridades encargadas de proteger a la ciudadanía en muchos casos las ultrajan doble: las violan o las manosean.

Las huellas que dejan esas manos no se borran nunca en la vida de una persona.

En el país se han roto todos los tristes récords en feminicidios: en el primer cuatrimestre del año hubo mil 199 mujeres asesinadas, entre ellas 144 menores.

Todos los días hay 50 violaciones denunciadas, lo que nos indica que la cifra negra debe ser terrible.

El mes pasado hubo tres mil personas asesinadas en el país.

Ya somos el primer lugar mundial de asesinatos contra periodistas.

En lo que va del año –diez colegas asesinados–, ya superamos la cantidad de víctimas fatales de todo el año pasado (9).

Nos convertimos en el país donde hay más asesinatos de periodistas en el mundo entero: 10 de 25 en total.

Los homicidios dolosos se han disparado y alcanzamos lo que creíamos imposible: estamos mucho peor que antes.

Igual cosa sucede con secuestros, extorsiones, robo a casa habitación, a transeúnte y a pasajeros de transporte público.

La Guardia Nacional ha resultado un fiasco que sólo sirve para detener migrantes.

Con la Guardia Nacional se ha desmembrado al Ejército para poner a miles de sus tropas en un limbo civil-militarizado, sin autorización para actuar contra grupos criminales.

El Ejército tiene una vocación y formación propias. La Marina tiene otras y la Policía Federal otras. Las fundieron en la Guardia y hay un batidillo que hasta ahora no ha servido para nada y sepa Dios qué engendro va a salir de eso en el futuro.

Tanto a la Guardia como a las Fuerzas Armadas las mandan a sofocar situaciones en regiones de alto riesgo, sin autorización para disparar ni defenderse.

Los criminales sí lo pueden hacer. Nuestros soldados soportan las humillaciones y los felicita el Presidente por dejarse golpear.

Cualquier ladrón de gasolina puede patear a un soldado sin que haya consecuencia alguna.

¿Qué orden va a haber así?

El daño que se está haciendo a nuestros institutos armados es irreparable: pierden el respeto de los malhechores y también de la ciudadanía, pues los ven impotentes ante la acometida criminal.

La gente observa cómo las Fuerzas Armadas y la Guardia no infunden el temor indispensable entre los criminales, bandidos y extorsionadores.

Para sorpresa de muchos, el Presidente se manda mensajes públicos con el líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG).

El jefe del cártel lo consiente con un “usted es una persona justa”, y el mandatario les responde (jueves) “pórtense bien”.

Así no se puede esperar otra que la descomposición del país por el flanco de la violencia.

Tiran helicópteros con soldados a bordo, matan civiles, arrasan localidades, conquistan estados que no piensan dejar –como le dijo el líder del CJNG en un video al Presidente la semana pasada–, y el Comandante Supremo les pide que se porten bien.

En el ambiente hay violencia, se respira, se ejerce, se padece.

Pacificar el país es una exigencia nacional. El gobierno debe corregir y tendrá el apoyo de todos.

Desde Palacio Nacional debe cesar el discurso polarizador que alienta a la confrontación. A la violencia, a fin de cuentas.

Hasta en los eventos con deportistas el Presidente habla de “los adversarios”. ¿Qué es eso?

Necesitan una estrategia de seguridad, porque los adversarios no son los que piensan diferente, sino los que matan, extorsionan, secuestran…

La conjunción de inteligencia y fuerza son necesarias para detener a los criminales y desincentivar el delito que hiere a la población.

Nuestras instituciones armadas requieren recuperar el respeto que se diluye en vejaciones impunes en su contra.

Por seguridad interior y por seguridad nacional, los grandes criminales no pueden ser considerados muchachos traviesos a los que se invita a “portarse bien”.

Querían gobernar, lo lograron por la vía de los votos y permanecerán en el poder hasta 2024. Tienen que corregir, por el bien de todos.

De no hacerlo, al país se lo va a tragar la violencia.