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Mujeres del Istmo de Tehuantepec maravillan al mundo con su vestuario

“Frida Kahlo lo internacionalizó porque a ella le gustó nuestro traje y nunca le hizo adecuaciones, lo vistió tal y como es. Pero nosotras. las istmeñas, somos las verdaderas reinas que tanto admira el mundo”, describió con voz firme la artesana de Juchitán en entrevista con Notimex.

Notimex

Oaxaca.- Cuando a la bordadora juchiteca Teresa López Jiménez le dijeron que ella era una imitación de Frida Kahlo, con voz firme respondió: “Disculpe, pero yo no imito a nadie, yo soy la original”. Así de contundente fue esta mujer que porta el traje regional del Istmo de Tehuantepec en Oaxaca, con la grandeza de su legado zapoteca.

“Frida Kahlo lo internacionalizó porque a ella le gustó nuestro traje y nunca le hizo adecuaciones, lo vistió tal y como es. Pero nosotras. las istmeñas, somos las verdaderas reinas que tanto admira el mundo”, describió con voz firme la artesana de Juchitán en entrevista con Notimex.

Teresa es una istmeña en todo sentido. Su personalidad es aguerrida, decidida y atrevida, no tiene miedo de expresar sus opiniones ni de decir majaderías frente a quien sea. Su fuerte presencia física es retadora y seductora. Ella es una verdadera reina zapoteca.

Como toda soberana sabe, no basta con tener una personalidad deslumbrante para demostrar su poder, necesita también portar un traje que le haga honor a su grandeza.

Por ello, las mujeres istmeñas de Tehuantepec y Juchitán, sabedoras de su importancia e influencia en su comunidad y en el mundo, poseen su sorprendente y alabado traje del Istmo, un vestuario que las eleva más allá de la divinidad.

Antes de comenzar a bordar este enigmático atuendo, Teresa, ataviada con su huipil morado de terciopelo y una enorme sonrisa, saluda a su viejo bastidor de madera, “cuando bordamos no tenemos que hacerlo enojadas porque si no, el traje no queda hermoso”.

Para estas vanidosas diosas del Istmo, su vestuario y su lengua zapoteca son los tesoros más preciados. Por eso, no es extraño que para portar el traje, las oriundas de esta región tengan toda una serie de reglas que dicten cómo llevarlo correctamente en sus incontables variedades y en qué ocasión usar cada una.

“Como istmeña, lo voy a portar con orgullo y no nada más porque sí, por eso la importancia de saberlo llevar y saber en qué momento se usa, es algo valioso.

“Porque para nosotras aunque no tengamos lujos, lo primero es el traje, en nosotras aplica el dicho ‘antes muerta que sencilla’ porque hasta para morir nos vamos con él y aunque no tengamos dinero ni nada, pero nuestro traje es algo que tenemos que tener si o si”, señaló

El día de hoy, es un día laboral para Teresa, quien es bordadora desde muy joven y que ha logrado llevar sus diseños a países como Estados Unidos, Canadá y Brasil. Además, esta aguerrida mujer forma parte de los “Grandes Maestros del Arte Popular de Oaxaca” auspiciado por Fomento Cultural Banamex.

Debido a que tiene que trabajar en un traje de novia y otros encargos, su vestuario es ad hoc a su labor. Su cabello negro encanecido se encuentra recogido en una trenza decorada con listones color rosa y unos aretes de filigrana dorada adornan sus delicadas orejas.

Mientras tanto, su vestimenta consta de un huipil juchiteco de terciopelo morado, bordado a mano con esplendidas siluetas de pequeñas flores y una enagua sencilla de encaje a tono. Este vestuario es el que utilizan las istmeñas para el uso diario.

Haciendo espacio en su apretada agenda, Teresa hace a un lado su bastidor y dedica un momento para mostrar sus obras de arte, ocho variantes del traje istmeño que están listas para ser admiradas en su cautivante taller.

El primero de ellos es el tradicional enredo color rojo que consta de un conjunto de algodón con huipil de cadenilla y enagua sencilla, esta última cual se conoce como enredo desde inicios del siglo XX, debido a que se enredaba sobre el cuerpo gracias a sus tres metros de tela que se iban juntando hasta hacer una falda circular.

En este sentido, Teresa explicó que fue con la llegada de los marinos mercantes a través del ferrocarril, cuando se comenzó a usar el huipil, una tela rectangular que es doblada por la mitad, dejando una abertura en medio de ella para que entre la cabeza y cociendo los lados dejando espacio para los brazos.

Los huipiles istmeños se usan cortos, apenas debajo de la cintura. Estos, al igual que algunas enaguas, pueden ir bordados con siluetas de flores bordadas a mano o a máquina, o con un patrón de hilos conocido como “cadenilla” que se realiza únicamente con una antigua máquina de coser que data de 1900.

Continuando con el recorrido de los textiles, hace su aparición el traje del diario, el vestuario que las istmeñas usan para sus labores del día a día como bordar, vender o para ir al mercado. Aquí, el huipil puede ser de confeccionado en tela satinada, de algodón o en terciopelo.

A su vez, la enagua puede ser de tela industrial con estampado de flores, de encaje o algodón. Cabe destacar que en estas vestiduras, se permite que el huipil y la enagua no vayan a juego, por lo que las istmeñas se puedes dar el lujo de combinar colores y estampados, tal y como lo imitó Frida Kahlo.

Entre los demás ropajes coloridos que se encuentran en ganchos de metal, sobresale uno cuya sobriedad otorgada por su color negro, hace imaginar en primera instancia su finalidad “este traje es el de luto y se compone de falda negra y del huipil negro”, destacó Teresa.

Por otra parte, de un color morado intenso y decorado con un tupido bordado de cadenilla en tono amarillo y rojo, el traje de gala se muestra orgulloso con su olán almidonado “este es de gala porque la cadenilla está presente en el huipil y en la falda y porque además son del mismo color”.

Ávido de atención, el maravilloso y mundialmente conocido traje de gala de terciopelo negro que se encuentra en medio de todos los demás, y cuya creación es atribuida a la señora Juana Cata, es, sin duda, el ropaje del reinado de la mujer istmeña.

Por ello, este vestuario, que puede alcanzar precios de 5 mil a 25 mil pesos y que lleva hasta tres meses elaborarlo, es utilizado en ocasiones especiales, ya sea en una boda donde puede usarse de terciopelo negro o de tela satinada color blanco, en unos 15 años, así como en las velas (fiestas de los santos patronos).

La belleza de este vestuario recae en su elaboración artesanal que aún hoy en día se sigue preservando, ya que las manos de las mujeres jóvenes y de las damas experimentadas son las encargadas de bordar, las famosas flores del Istmo que dependiendo del municipio al que pertenezcan tendrán características particulares.

“En el bordado de Juchitán las flores son pequeñas y las hojas son rellenadas, mientras que en el de Tehuantepec, las flores son más grandes y las hojas nada más son bordadas a las orillas; entonces, nosotros, en Juchitán, usamos las flores tamizadas y no usamos el azul ni el verde en ellas”, señaló.

“Aparte, el olán que lleva la parte de debajo de la conocida como ‘falda de olán’ también es diferente, el de Juchitán mide 27 centímetros y el de Tehuantepec es de 37 centímetros de alto, las tehuanas lo usan largos hacía casi la rodilla”, apuntó la artesana.

Asimismo, este ropaje de gala llevará el famoso resplandor, una especie de rebozo de encaje que cubre el contorno del semblante de las istmeñas y el cual fue usado por Frida Kahlo en su famoso autorretrato “Diego en mis pensamientos”.

“Cuando son raptadas las chicas istmeñas y se les hizo la fiesta de la virginidad, a los tres días se casan por el civil y la novia se caracteriza por el resplandor que lleva como símbolo de que ese día resplandece. Además, va a ir acompañada por dos señoritas que no portan el resplandor, pero van con trajes de gala”, aseveró.

Teresa tiene mucho trabajo y eso es notorio, ya que una vez concluida su explicación de su tesoro textil, vuelve al bastidor para continuar bordando el un huipil de tonalidad rojiza que será utilizado por su dueña, para enamorar al hombre que desee.

Ya que sobre su superficie, la juchiteca cose, con pequeñas puntadas de hilo amarillo, la flor de la incomprendida planta de Toloache, muy popular en Juchitán.

Conocedoras de la magia y el poder que desprenden a cada paso, las mujeres istmeñas, ataviadas con su magnífico traje regional, son seres que conquistan los corazones y deleitan las miradas, pues ellas son, las verdaderas reinas que maravillan al mundo.

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